AL VUELO/ Humor

Por Pegaso

Sentado en mi mullido cumulonimbus acá arriba, en la estratósfera, me puse a pensar sobre la importancia que tiene el humor para el ser humano.

El humor es algo serio,-decía un conocido comediante, y tan en serio hay que tomárselo que sin él n uestro organismo no funcionaría como tiene que funcionar.

La risa asociada al buen humor provoca la emisión de endorfinas, las cuales son responsables de hacernos sentir felices y también nos ayudan a bajar los niveles de estrés.

La prueba de su importancia es que la industria del humor genera diriamente miles de millones de dólares alrededor del mundo, si no, hay que ver las ventas de revistas cómicas, las inversiones que se hacen para producir exitosas comedias, las obras de burlesque en los teatros y mil ejemplos más.

El Quijote, la obra cumbre de la literatura española, rezuma humor en cada página, como cuando El Ingenioso Hidalgo se lanzó en pos de los feroces gigantes que resultaron ser molinos de viento.  Ese pasaje ha hecho reir a generaciones y generaciones de lectores.

En mis inicios de periodista me gustaba leer a Don Armando Fuentes Aguirre, Catón.

Todas las mañanas disfrutaba de sus hilarantes chistes, de sus sabrosas anécdotas y sesudos comentarios de política, y entonces empezaba mi día con un ánimo excelente.

Igual disfrutaba las jocosas ocurrencias y sutiles consejos de mi amigo Ramón Durón Ruiz, El Filósofo de Güemez, ya fallecido.

El político que se levanta todos los días, toma su periódico o enciende su computadora para leer las noticias del día anterior, plagadas de violencia, crisis económicas y desastres naturales tiende a irse a la chamba con rostro señudo y un carácter de pocos amigos.

En cambio, si lee un artículo o columna que le cause hilaridad o lo induzca a esbozar una sonrisa, llegará a su oficia con una actitud chabacana, dicharachera y bonachona. Atenderá mejor a los ciudadanos, tratará con benevolencia a sus subalternos y le pondrá mayor enjundia a su chamba.

El humor en el periodismo está subestimado.  Ya dije que Catón me hacía reir y reflexionar antes de irme a reportear a las fuentes cuando era yo un reportero novel.

Y así como la columna «De Política y Cosas Peores», en las grandes ciudades del país, como México, Guadalajara o Monterrey, existen comentaristas que utilizan el humor como ingrediente principal de sus contribuciones.

¡Vamos! Los moneros como Ruz, Trino, Jaz y Helioflores viven del humor.

Siempre, en todas las publicaciones que se respeten, hay una dosis de humor:  Lo podemos ver en Proceso, lo veíamos en Impacto, en Nexos y en otras muchas publicaciones; lo vemos en El Mañana o en La Prensa, dos de los periódicos locales y lo vemos en la radio y la televisión.

Claro está que hay diversos tipos de humor.  Lo hay blanco, rojo o negro.  Lo hay de buen gusto y mal gusto.

Un ejemplo de humor escatológico es el que manejaba una publicación de Monterrey que creo que se llamaba La Garrapata.

En uno de sus encabezados de portada se leía:  «A la esposa del Alcalde le apesta el burro», y en el texto de la nota se explicaba que, efectivamente, la esposa del Presidente Municipal había presentado una queja a Sanidad porque atrás de su casa había un baldío donde solía repostar un jumento, y eso provocaba los malos olores.

El humor puede ser un arma política.

Se usó antes de la Revolución Mexicana para satirizar a Porfirio Días y sus mofletudos colaboradores y se sigue usando en forma de memes para ridiculizar la figura presidencial.

Yo prefiero usarlo para alegrar el día de los amables lectores que se toman la molestia de leerme.

Por eso aquí los dejo con el refrán estilo Pegaso que dice: «¿Cuán ave doméstica de la familia gallus para estar invadida de parásitos acariácidos?» (¿Qué tal pollo pa’ tener gorupos?)

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