AL VUELO/ Gula

Por Pegaso

Andaba yo volando allá, por el rumbo del Centralito, donde pude percibir el rico olor de las carnitas, los humeantes taquitos sudados que se venden cerca del mercado Guadalupano y los tamalitos de hoja de plátano que están para chuparse los dedos.

Por cierto, ¿se habrán dado cuenta mis dos o tres lectores que a los mexicanos nos encanta referirnos a la comida con diminutivos?

No falta el comensal que llega a una fonda o taquería pidiendo sus taquitos a la plancha, o unos nopalitos con tortitas de camarón, unas flautitas crujientes o un menudito con pata hecho como Dios manda, con su chilito de color, su cebollita, chilito y orégano.

Los mexicanos somos golosos por tradición.

No es casualidad que la mayoría de nosotros tengamos una pancita de burra maicera y unos rubicundos cachetitos.

La ingesta excesiva de comida alta en calorías la combinamos con el sedentarismo. El mexicano promedio hace poco ejercicio y lo más común es que llegue a su casa después del jale y se aviente en el sofá a ver su novela favorita o un partido de futbol.

Decía que el mexicano es muy dado a llamar con diminutivos a la comida porque de alguna forma queremos minimizar lo que nos tragamos.

No es lo mismo un taquito de trompo que un taco de trompo.  Como que nos llena más si no le agregamos el diminutivo.

Por cierto, ¿sabe usted cuál es la forma tradicional de comerse un taco?

Pues bien, después que el técnico en procesamiento de alimentos de consumo popular… (Nota de la Redacción: Taquero, Pegaso, no quieras adornarte con palabras domingueras tipo Oscar Aldrete).

Bueno, después que el taquero sirve el taco en el plato, es necesario abrir un poco la tortilla y arrojarle una cucharada generosa de salsita, cebollita o cilantro, depende de lo que contenga el frugal platillo.

Lo mejor es tomarlo con los dedos índice y pulgar, levantando un poco el resto de los dedos para evitar embarrarnos toda la mano de la grasita que le escurre.

Luego de llevarlo a la boca, dar una buena mordida y disponerse a degustar el delicioso sabor de aquella preparación.

Allá, cerca de la puerta 5 de PEMEX, los expertos taqueros pican la carnita en una tabla, ante la vista del hambriento comensal, y así, con el mismo cuchillo avientan media porción de carne y media de aserrín.

Pero ya con la salsita y con un chingo de hambre aquello resulta un verdadero manjar de dioses.

No falta el menudito dominguero y la rica barbacoa, acompañados de su chesco de sabor.

En cuestión de comida callejera hay de todo: Tortas de la barda, tamalitos de hoja de plátano o de maíz, taquitos de barbacoa, de carnita picada, de pollo o puerco, espaditas con queso blanco o amarillo, las ricas sincronizadas, las gringas, los panchos, las quesadillas y los sopes, por citar unas cuantas delicias.

Y aquí los dejo con el refrán estilo Pegaso, mientras yo me aviento unos ricos pachucos de papita y frijolitos: «Es necesario proporcionarle, puesto que se trata de un potaje a base de diferentes tipos de capsicum adicionado con tejido magro de cerlo y elaborado en recipiente cóncavo de barro». (A darle, que es mole de olla).

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