AL VUELO/ Vicios

Por Jesús Rivera (Pegaso)

Tranquilos. Hoy no hablaré de los vicios del cuerpo ni de los del alma.

Disertaré acerca de los horrores gramaticales en los que incurrimos casi sin darnos cuenta quienes solemos escribir en los medios de comunicación.

Sin darnos cuenta reflejamos lo más profundo de nuestra personalidad en nuestra redacción, y por ejemplo, a mí en lo particular me causa pena ajena que inclusive profesionistas con título de abogado, master en ciencias o con un doctorado, tengan tales errores ortográficos y sintácticos.

A nosotros, los periodistas, cuando empezamos a plasmar nuestras notas en un medio escrito, nos advierten sobre el abuso de los dijismos: «Dijo el funcionario que…», «Y Fulanito de Tal dijo…»

A algunos de mis compañeros he advertido sobre la necesidad de no utilizar tanto los verbos pasivos para reseñar sus notas informativas: En lugar de decir: «El Gobernador estuvo recorriendo la ciudad», es mejor decir: «El Gobernador recorrió la ciudad».

El uso de verbos simples en pasado, presente y futuro, es lo mejor para hacer entendible nuestra redacción y no dificultar la lectura.

Hay teoría en cuanto a que la lectura que hacemos mentalmente en un periódico se sincroniza con nuestro ritmo cardíaco y con nuestra respiración.

De tal forma que si prolongamos innecesariamente una frase, por ejemplo, con los verbos pasivos (ha estado, estuvo viendo, ha señalado, etc.), vamos a desarmonizar la lectura con nuestros ritmos cardiaco y respiratorio.

En las redes sociales, como ya dije en líneas ad supra, es común que todos, jóvenes, viejos, niños, ancianos, ignorantes y profesionistas escriban con terribles faltas de ortografía, y lo hacen conscientemente porque así ahorran tiempo en estar corrigiendo.

Pero la practicidad de las redes puede ser congruente con el respeto a los principios de una buena redacción, con sólo querer hacerlo.

Porque a pesar de que todo evoluciona, y el idioma escrito no es la excepción, lo que vemos en Facebook, en Twitter o en WhatsApp es más bien una apología del absurdo. Da la impresión de que estamos involucionando en lugar de evolucionar.

¿A quién no le ha pasado que desea textear algo y acaba enviando un mensaje completamente diferente sólo por un error de dedo?

¡Y los correctores de texto! Hay veces en que ese artilugio que se incluye en la programación de nuestro querido teléfono inteligente se convierte en nuestro peor enemigo, si no, aquí están algunos ejemplos:

-Qué haces, mi amor?

-estoy cogiendo

-(Muchas caritas de sorpresa).

-Comiendo (caritas de vergÚenza).

-Se me saltó el corazón…

-Mi amor (carita compungida y corazón partido).

Otro ejemplo:

-Igual sólo en esas dos?,

-Ya le mande un escroto

-Escrito*

-(Caritas llorando de risa).

O:

-Felicidades!!! Ya estas grande! Te quiero mucho espero que te la vallas a pasar muy bien!!! Espero senos pronto. Felices 16 años!!! (Caritas dando besos y sonriendo).

-Gracias amarets (Carita dando besos).

-También espero senos pronto (Caritas llorando de risa).

-Jajajajaja

-Me confundí

-(Caritas llorando de risa y un corazón).

-Vernos cierto?

Como vemos, las faltas de ortografía son frecuentes y los errores de dedo o corrección son el pan de cada día en los mensajes que enviamos mediante plataformas como WhatsApp.

¿Y qué hay de esos engendros llamados emoticones?¿No es nuestro idioma lo suficientemente explícito para que podamos poner un «te amo» en lugar de una pinche cara dando un beso?

Todo esto viene a cuento porque tengo un amigo, Oscar Adrede, que tiene un vicio de redacción muy marcado.

Él abusa de los culteranismos.

En redacción y dicción existen palabras que sirven para identificar el origen socioeconómico de la persona que emite el mensaje. Están, por ejemplo, los extranjerismos, como los que se utilizan en la frontera: «Vamos por mi traila», o los vulgarismos: «Qué jáis, mi ñero».

En el caso de los culteranismos, se trata de un abuso de las palabras cultas o tecnicismos que sólo deben utilizarse en el ámbito profesional, no para apantallar a la raza mahuacatera (Nota de la Redacción: Pegaso, has incurrido en un vulgarismo).

En redacción periodística, ya sea nota informativa, reportaje o columna, mientras no sea un periodismo especializado, tendremos que escribir para que nos entiendan la mayor cantidad posible de lectores.

Había un reportero, don Juanito Ramilletes, que tenía una columna política en la que intercalaba palabras que no iban al caso o frases fuera de contexto.

Su columna era la más leída de Reynosa porque tenías que leerla varias veces antes de entender qué era lo que quería decir.

Mi amigo suele escribir sus artículos en Facebook o en las salas de chat con expresiones culteranas, o como decía mi tío Cleofas, con frases domingueras.

Pero sin importar que se oigan rimbombantes y apantalladoras, sigue siendo sólo un vicio de redacción en tanto pretenda hacer llegar su mensaje a personas que como yo o como la mayoría de los lectores utilizamos expresiones de uso común.

¿Alguien ha notado cómo me mofo de los culteranismos con el refrán estilo Pegaso que incluyo al final de cada columna?

¿No?

Pues aquí nos quedamos con el dicho estilo Pegaso que dice: «Las expresiones verbales son transportadas por el flujo continuo de aire». (Las palabras se las lleva el viento).

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